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  • Maribel

SOBREVIVIENDO A SAN VALENTÍN

Aún recuerdo cuando el día de San Valentín era lo máximo para mí.   Lleno de color rojo metálico, flores y cartitas de amor. No es por presumir pero me encantaba sacar de  mi mochila todas las cosas que me regalaban sobre todo esos momentos en los que no tenía novio, porque así todos los prospectos potenciales se esmeraban por competir. 


Que bonita época en la que al parecer a nadie nos importaba que fuera el día del consumismo o del marketing. Ese toque encantador que se asomaba por tu ventana diciéndote que te mandaban un TEC-Grama (Telegrama del ITESM)  de otro salón o mejor aún de otra escuela.  


Como suspiro esos momentos se esfumaron, te casas y te vuelves mamá. Y esa hermosa tradición te enamora como piñata para después cantarte  "ya le diste una, ya le diste dos y tu tiempo se acabó"  como niña te vas al final de la fila esperando que te toque una vez más pero sí has ido a alguna piñata sabrás que esto no siempre pasará.


¡Las mamás estamos para dar no para recibir! eso me repito para olvidarme de lo hermoso que es recibir en estas fechas. 

Como por arte de hormonas he sido doña achaques desde hace tres semanas, días abundantes de rojo, días de reflujo, días de mocos y tos perruna. Adicional a las actividades que normalmente hago como mamá se le suma que mi compañero de batalla ha estado en guerra mundial laboral con muchas juntas estresantes y visitas extranjeras es decir el equivalente a menos horas en casa.


Entonces en el frente estamos solo yo y  mi tos perruna. No soy la mujer maravilla, aunque no estaría mal tener su figura  y su sonrisa.  Por tal motivo he andado bastante gritoncilla, mal humorada y cansada, a tal grado que hasta la señora de la tiendita que no conozco me pregunto  "¿por qué tan triste?". 


Cuando eres mamá te obligas a continuar con lo que venga aunque estés enferma, así que con todo y mis mocos me puse a preparar los regalitos para las maestras y los amiguitos de mis hijos.  Probablemente lo hubiera disfrutado un poco más en otro momento. Es decir en otro momento en el que no me doliera la cabeza, o en el que mi casa no estuviera desordenada, o en el que mis hijos no estuvieran llorando tirando de mi pantalón. 


Pero ni los hijos ni las festividades se pueden posponer. Existen momentos en los que tu cuerpo y mente no están bien y aún así  trabajas a marchas forzadas. 

En este San ValentÍn me volví loca con el celofán, tuve "sugar rush" solo por preparar la bolsas de dulces, y el helio se me subió a la cabeza por todos los pendientes que tengo sin resolver, hay confeti tirado por toda mi casa.  Montañas de ropa sucia, montañas de ropa limpia, montañas de platos sucios, montañas de juguetes  y montañas hermosas que se asoman por mi ventana invitándome a pasar un día relajado con ellas. 


Una de mis amigas nos dijo hoy "deseo que las apapachen mucho este día"  y la realidad es que pocas serán las afortunadas.  No esperemos a que alguien más sea el responsable de sentirnos apreciadas. Busca lo que te hace sentir bien dale tu propio color al día de San Valentín.  No te preocupes si el horario sigue corriendo date un tiempo si es lo que necesitas.  


  • Regálate ese cafecito dulce calientito. 

  • Ríete con tus amigas de los regalos que recibirás o no recibirás de tu esposo, veras como te pones feliz bromeando con  ellas. 

  • Contágiate de la emoción de tus hijos al entregar los regalos.

  • No hagas comida y si quieres no limpies la casa. 

  • Sonríe mientras haces tu actividad favorita.  

  • Relájate con buena música.  

  • Manicure sería buena idea.  

  • Date un baño agradable

  • Escribe un blog para desahogarte.  

  • Come chocolate.

  • Lee un libro.

Algunas veces las mamás nos levantamos con el pie izquierdo, la mano,  el brazo y la cabeza pero lo importante es que al final del día termines con todas las extremidades completas.


Finalmente nosotras somos el cupido de nuestro San ValentÍn, enamórate de ti como alguien más lo hizo por ti alguna vez en este día. 


Feliz día a todas mis amigas sobrevivientes.


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