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  • Maribel

cadenas plásticas

Actualizado: 19 ene 2019

Hoy despertamos con un clima particularmente frío y lluvioso, nos costó un poco más levantarnos temprano pero llegamos a tiempo. De repente, entre el tráfico me doy cuenta que junto a mi ventana yacía una manca y maltratada planta en medio de la gran urbe. 


Quizás soy en exceso observadora porque dudo que los 25 carros delante de mí se hubieran percatado de tan hermoso regalo.  


Lo primero que imaginé fue a mi abuela diciendo "Ponte Sábila"  


Después pensé en todas esas cosas maravillosas  que hacen a la Sábila, una superplanta, según tengo entendido a esta planta se le atribuyen propiedades  re-generativas, hidratantes, anti-inflamatorias hasta hay quienes afirman que  ayuda a destruir virus, bacterias y hongos.  No soy una experta en la materia, así que si la vas a utilizar te sugiero que te asesores de un experto. 


Una vez  repasados todos estos increíbles usos me dije mientra manejaba: " Me encantaría tener una en casa". Me imaginaba cortando un pedacito y haciendo muchas recetas que desconozco.  


Unos micro-segundos después, me di cuenta que esa noble planta probablemente habría ayudado a mucha gente, en especial a las personas que normalmente piden dinero en esa esquina.

¡Ahora tiene mucho sentido el por qué de sus bracitos mancos! . Imaginen a cuántos niños de escasos recursos habría ayudado.


Increíble o no, la planta estaba ahí en medio de dos calles saludando a quien pasara abriéndose paso entre la maleza.  Tristemente la planta estaba perfectamente adornada de bolsas de plástico, como si el viento se hubiera tomado la molestia de asegurarse que las bolsas no se pudieran desenredar.  


¡Pero la planta es  bondadosa!, me dije a mi misma mientras me preguntaba por qué su mayor enemigo era aquel a quien había ayudado.



No  creo que el ser humano sea 100% malo, sólo que en algún punto dejamos de sorprendernos de detalles como estos, el acelere moderno no nos permite ver más allá de nosotros mismos. Afectamos diariamente a miles y ni nos percatamos que lo hacemos. Necesitamos más ojos abiertos y una mente racional que nos ayude a tomar mejores decisiones, analizando  todos los posibles escenarios y no solo el más práctico. 


De verdad me asusta pensar que nos llamen la generación Zombie. La conciencia empezará el día que atendamos a las demandas de los seres con los que coexistimos de la misma manera que atendemos los comentarios de nuestras redes sociales.


Buscando ir un poquito más allá, regresé a ese punto, admito que me tomó un par de  horas  reflexionar sobre todo esto que estoy escribiendo.   Se escucha fácil, pero no lo es. El simple hecho de verme en medio de la calle estacionando un carro, caminando por el bulevar en busca de una planta, me hizo sentir un poco vulnerable y no precisamente porque un carro me mojó en el camino.  Me avergüenza aceptarlo pero en cierto punto me sentí ridícula.


¿En qué momento dejé que algo tan importante dejara de serlo? Me sentí rara haciendo algo que es correcto. ¿En qué momento dejamos que la rutina nos castigue por no seguir la agenda?


Al final la planta pudo quitarse esas cadenas de plástico y yo sigo luchando por quitarme las mías.   

Nosotros somos los que decidimos hasta dónde queremos ver, pero recuerda que si no te esfuerzas por hacerlo puedes ser víctima de tu propia ceguera. Hagamos más pequeños detalles y quizás algún día se vuelvan grandes.



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